Menu de Inicio

Posted in Uncategorized on octubre 22, 2009 by Administrador

PRÓXIMAS RUTAS

GALERÍA DE FOTOS

RUTAS , TRACKS Y GPS

NUESTROS VIDEOS

TODA LA INFORMACIÓN DE LA MARCHA DE SAN BLAS 2014

 

Circular de Sanabria por el techo de Galicia.

Posted in Uncategorized on septiembre 8, 2014 by javibtt

Ese es el recorrido para la ruta del próximo fin de semana . Las tierras altas de Sanabria y el techo de Galicia,  Peña Trevinca.

Esta edición está llena de novedades con una  nueva bajada desde la cumbre de Trevinca .

Este es el trakc del sábado.

http://es.wikiloc.com/wikiloc/spatialArtifacts.do?event=setCurrentSpatialArtifact&id=7745025

Crónica KDD San Rafael, por Jose “El Turronero”

Posted in Uncategorized on julio 16, 2014 by goofalvaro

Incertidumbre. Esa era la sensación que tenía al aproximarse la fecha del encuentro interclubes organizado por los amigos del Bike Racing Valladolid.
No es una sensación habitual ante la llegada de estas deseadas quedadas pero era consciente del esfuerzo que supone para el anfitrión organizar estas rutas, no sólo en cuanto a tener bien aprendido el trazado, sino al tiempo que es necesario dedicar para coordinar los periodos de estancia de los que acudimos a ellas y el lio que esto supone ya que unos vamos el viernes y nos quedamos las dos noches, otros duermen la noche del viernes al regresar a su domicilio terminada la ruta del sábado, otros se incorporan el sábado y se quedan esa noche para disfrutar también de la ruta del Domingo, otros llegan y se van el mismo sábado…..y, todo esto, en unos cuantos casos, confirmado o cancelado unos pocos días antes del encuentro, a veces por circunstancias ajenas y otras por la propia dejadez o falta de compromiso de algunos de los que acuden a estos eventos.10386928_4437496273650_4085812738746404279_o
La razón de esta incertidumbre era que Paquito, líder del grupo anfitrión, entre sus circunstancias laborales y la lesión que le produjo la caída en el Interclubes de Ávila, no había podido dedicar el tiempo que le hubiera gustado a organizar este lío. Para colmo de males, en vez de repetir la ruta y alojamiento de los 3 años anteriores, este año era ruta por distinta zona y por tanto albergue también diferente. Hablando un día con él, se lamentaba de no haber repetido un año más la ruta por la zona de Navacerrada, territorio ya conocido por todos, así como el curioso albergue o, mejor dicho, campamento, en el que ya casi tenemos adjudicados los catres de un año para otro, pero… ya estaba todo en marcha. Este año la ruta se realizaría en la Sierra de Guadarrama, partiendo de un albergue situado en la localidad de San Rafael y recorreríamos el “sendero de los ingenieros” y otros tramos del entorno.
Partimos desde Burgos en la tarde de este ventoso viernes 6 de Junio. Como siempre con buen ánimo y ese cierto nerviosismo que precede a estas aventuras que se sabe comienzan haciendo el equipaje y terminan deshaciéndolo al regreso pero lo que nos espera entre medias es una incógnita, en este caso, además, aumentada por la novedad de la ruta y lugar al que nos desplazábamos y esa incertidumbre a la que antes me he referido.
Finalmente éramos siete burgaleses que llegaríamos en dos veces ya que Jesús y su hermano Carlos se veían obligados a salir más tarde. Los demás, Miguel, Oscar “el duro”, Víctor, Marcos y yo mismo emprendíamos viaje a las seis de la tarde.
A eso de las nueve traspasábamos la puerta que daba acceso al recinto donde se encontraba el albergue formado por un palacete de principios del siglo pasado. Una magnífica casona de piedra con una piscina orientada al Sur, sin agua claro, donde ya nos estaban esperando los anfitriones y los amigos de León.
Saludos rápidos para realizar la descarga del equipaje y situar las bicis en una habitación de la planta baja que al encontrarse vacía haría las funciones de garaje donde descansarían nuestras monturas. Al entrar por la puerta principal con nuestro equipaje y, claro está, nuestras bicis, me sorprendió la atónita mirada de un montón de niños y niñas que, junto con sus monitores, parecía que estaban descansando mientras presenciaban este poco común desfile de personajes con sus bicicletonas. Era evidente, no estábamos solos.
Preguntamos por la situación de nuestras habitaciones y se nos indicó que se encontraban en la última planta. Parece mentira, desde fuera la casa no parecía tan alta, pero según ascendíamos por las interminables escaleras pensé que el calentamiento de nuestras piernas para el día siguiente estaba asegurado.
Paquito, ejerciendo bien su labor de pastor, nos metió prisa porque había que cenar ya. ¿Ya?, sin haber tomado una cerveza y no siendo todavía las nueve y media?. “El horario es de albergue juvenil” nos respondió. Lo de juvenil además de figurar en el cartel indicativo del lugar ya lo habíamos comprobado hacia pocos momentos.
La cena consistió en arroz con tomate y albóndigas. Lo que es un menú juvenil que, si bien no deleito nuestro paladar, si llenó nuestros estómagos.
Quizás fuera porque la cena era “juvenil” y con agua, o quizás por nuestros deseos de tomar la ansiada cerveza, el hecho es que la despachamos rápido y con más rapidez aún salimos del albergue dirección al pueblo que distaba 200mts. de donde nos encontrábamos. Tardamos un poco y unos cuantos metros más en encontrar un bar “del gusto de todos” donde ya, por fin, saboreamos el amargo sabor del jugo de cebada.
Algo más despacio volvimos al albergue encontrándonos en ese momento con los que nos faltaban de Burgos y con los tres compañeros llegados desde Galicia, Miguel, Manolo y Javi.
Una última cerveza cortesía de Jesús, en la calle, porque dentro no estaría bien visto, y otra vez a subir ese Turmalet de escalones hasta alcanzar nuestra planta.
Mientras desayunábamos aparecen los de Serradilla, con cara de susto, y nos cuentan que a la entrada del pueblo se han topado con un dispositivo de la benemérita que estaba parando a los coches y resulta que David y Dani se habían despistado haciendo caso omiso al alto, lo que había provocado que un guardia civil llegara incluso a desenfundar su arma gritando “ALTO”. Al final todo solucionado con una multita de 200 euros y dos puntitos de carnet. No parecía buena forma de comenzar el día. Al poco entran otros de Valladolid a los que también habían parado aunque con mejor final al haberse detenido a tiempo, eso si, una navaja que llevaban en la guantera les quedó claro que no era el lugar adecuado para su transporte.
Últimos detalles para la salida, coger agua, revisar la lubricación de las cadenas… Israel observa mi guía cadenas nuevo indicándome que no está bien colocado. “No me fastidies Isra que me lo acaban de poner esta semana en la tienda”. Recordamos entonces como en la anterior KDD Israel se fijó que llevaba la potencia montada al revés y se “preocupó” de comentarlo con el resto de compañeros que, uno a uno, a lo largo de la ruta, me fueron realizando la misma indicación. Tal fue la brasa que me dieron que en cuanto llegué a casa lo primero que hice fue desmontarla y montarla de nuevo siguiendo las instrucciones de Isra. La verdad es que el guía cadenas me lo habían montado en la misma tienda ¿?
Tras la foto de grupo 38 compañeros iniciamos la ruta encontrándonos al poco con el famoso dispositivo policial.
Echamos de menos a Paquito que ha decidido incorporarse a la ruta a partir de la comida porque su estado físico así se lo aconseja.
Se comienza como es lo habitual, subiendo. En este caso por un agradable pinar en el que hubo que parar y así dar tiempo a Negrete a reparar un pinchazo. Los hay que ya adelantan tareas cual alumnos aventajados y comienzan la ruta pinchados…. Dos ciclistas nos adelantan llamando la atención sus bicis de la “exclusiva” marca Pivot, incluso uno de ellos con las carísimas llantas “Enve”
La primera parte del ascenso culminaba con un resbaladizo repecho de gravilla y piedra suelta. Continuamos por un camino que, aunque en subida, resultaba muy llevadero, llegando a la altura de uno de los que nos había pasado antes. No tardé en entablar conversación con él. Se llamaba Jorge y era de Madrid. Bromeando me presenté como “Jose Turronero” pero no había oído hablar de mi… que poca cultura endurera. Para mi sorpresa a quien si conocía por los foros era a nuestra querida Soraya, destacando, merecidamente, una vez más, esta increíble chica.
Alcanzada la cima no tardamos en iniciar el descenso de la bajada conocida como “DH 2000” que dado que no estábamos a esa altura supongo que el nombre será por las más o menos 2.000 piedras que tenía el sendero por el que bajamos, unas sueltas y otras bien atadas al terreno. Una vez más el dinero que pagamos por estas bicicletas parece bien empleado al comprobar que sigue todo en su sitio tras terminar la bajada, bueno, quizás no era el caso de todos, porque nos faltaba gente.
Al cabo de un rato, uno de los que bajan nos comunica que Juan Carlos, el de Valladolid, ha pinchado una vez y luego parece que otra, le ha debido gustar y alaa a repetir … que ansia.
Pasa el tiempo con esa lentitud especial que afecta a quien espera y empezamos a quedarnos fríos. Por suerte tengo una camiseta de manga larga en la mochila y doy el cambiazo a la de manga corta que llevo puesta. Mucho mejor. Por fin aparece el amigo de los pinchazos y reemprendemos la segunda parte de la bajada que discurre por un pinar en el que los árboles están cumpliendo bien su misión de no dejar que el agua de la lluvia se lleve la tierra que los rodea, con lo que apenas hay piedras a la vista, aunque alguna que otra ramita y surco si nos encontramos. Estas condiciones nos permiten bajar muy rápido lo que tiene la parte mala de reducir el tiempo de diversión.
Continuamos por una pista y llegamos a una fuente que hace posible repostar agua a quien lo necesita. Justo en este punto nos volvemos a encontrar con los de las “Pivot” aunque nos volvemos a separar al realizar recorridos distintos.
Tras un breve ascenso nos internamos en un bosque en el que se nota mucha humedad y el viento brilla por su ausencia. Pregunto al director del grupo, Jose “Legar”, si falta mucho para la siguiente subida y me dice que no, de manera que decido volver a realizar un cambio de camisetas suscitando en este proceso varios comentarios por parte de los compañeros de ruta e incluso fotos… normal, un cuerpazo como el mío no se ve todos los días….
Casi sin darme cuenta estamos rodando suavemente, y a veces no tan suave, por un sendero de esos celosos ya que sus sube y baja, y cerradas curvas con sorpresas justo en el punto que no se ven hasta que estás encima, te obligan a prestarle la máxima atención. El sendero termina con un descenso más pronunciado y mientras nos reagrupamos queda claro que nos ha encantado, salvo que nos ha parecido corto.
Reemprendemos la marcha encontrándonos con alguna trialera en subida de esas que dudas el poder ascender sobe la bici y que,luego, cuando lo consigues, te das cuenta de por donde se puede llegar a ir sobre dos ruedas empujadas por nuestras piernas a través de un perfeccionado sistema de poleas.
Un último repecho y una última bajada, muy corta, pone fin a esta parte del trazado.
Continuamos recorrido y enlazamos ya con el famoso “sendero de los ingenieros” que discurre a media ladera de un enorme pinar. Sendero exigente, más que por su trazado en si, por el ritmo que se pone al rodar por él. Es donde está la gracia, claro. Con todo, el ritmo no es tan fuerte como para impedirme disfrutar del magnífico entorno que estamos atravesando mientras respiro ese aire cálido y húmedo con olor a madera.
Llegamos a lo que, según nos dice Legar, es la última bajada de la mañana, “el Picachu”, a saber de donde viene el nombre. Momento de ponerse las protecciones para los que no las llevan de continuo y…. a disfrutar.
La bajada es muy rápida, con curvas cerradas a derecha e izquierda de las que entras derrapando y algunos consiguen salir de la misma forma. Los tramos rectos están sembrados de las características piedras de esta zona mezcladas, en algunos casos, con las raíces de los pinos que fugazmente pasan ante nuestros ojos. Oigo a alguien detrás de mi, es “Copi”, le invito a que me adelante pero con esa forma y entonación de quien va disfrutando a tope, me contesta que va bien detrás mio. Después de dos curvas más reduzco la velocidad en un giro y le insisto que me pase al llevar más ritmo que yo y así, de paso, disfruto yo tanto de mi propia bajada como de ver la finura de las maniobras de este compañero.
La bajada termina en una losa de piedra en la que dejamos marcada la huella de nuestros neumáticos al frenar bruscamente. Creo que estas marcas son biodegradables…
Paquito, junto con la mujer de Legar y la de Copi así como de sus chavales, nos están esperando con la comida preparada. Tortilla de patata, frutos secos, jamón, tomates, empanada, el gazpacho “made in Paquito” y por supuesto las excelentes anchoas preparadas que ya se han convertido en un clásico que todos esperamos, aunque he de reconocer que yo apenas pruebo, pues se que estos manjares mezclados con la ruta de la tarde no es buena combinación.
Disfrutamos de este pic-nic campestre con un tiempo excelente, hasta nos tumbamos un poco y nos da verdadera pereza reemprender la marcha pero…. Esto continúa.
Paquito se incorpora alegrándonos a todos verle, como estamos acostumbrados, encima de la bici, pero esa alegría no dura mucho porque, supongo que entre las ganas que tenía y el salir “fresco”, le hacen imprimir un ritmo fuerte que unido a una de esas subidas en las que es mejor no mirar para arriba y así evitarte el mal trago de ver lo mucho que te queda, hacen que el sudor comience a emerger de nuestros cuerpos con una rapidez que casi me sorprende si no fuera porque esta sensación ya la he tenido antes… quizás en otras rutas….
Terminada la subida descansamos un poco mientras reagrupamos para continuar rodando por el “sendero de los ingenieros” en una parte que no habíamos hecho por la mañana.
Continúa el ritmo rápido, supongo que marcado por Paquito o quien sea que vaya delante, no alcanzo a verlo. Noto que mis piernas empiezan a estar pesadas. Aprovecho los pequeños tramos de bajada para recuperar fuerzas mientras continúo la silueta de Víctor. Aparece una bajada más complicada y Juan Carlos, “el amigo de los pinchazos” vuelve a pinchar… Víctor y yo paramos y empezamos a echarle una mano y ofrecerle una cámara al tiempo que le recordamos que, quizás, esa cubierta que lleva no es la más idónea para este tipo de recorrido. Mientras estamos parados contemplamos al resto de compañeros como van realizando el descenso dejando tras de si una silueta de polvo y piedras rodantes, todo ello amenizado con la banda sonora de las ruedas en su contacto con el terreno…. Un espectáculo.
Reanudamos la marcha y ahora es Víctor el que empieza a meter un ritmo trepidante, supongo que con la esperanza de contactar cuanto antes con la cabeza de grupo. Vamos adelantando compañeros a los que la fatiga les impide rodar como seguramente quisieran. Paramos en un cruce, ¿nos hemos despistado?. En parte me alegro porque así cojo aliento. Llamo a Paquito y nos indica la dirección adecuada. Continuamos. Me cuesta seguir a Víctor y empiezo a entrar en algunas zonas un poco pasado y en otras demasiado corto, es lo que tiene la fatiga, te nubla hasta la mente. Con todo, contactamos con el grupo y al poco paramos y se realiza una reagrupación.
Continuamos y ante nosotros aparece un buen repecho que merma mis ya escasas fuerzas. Salvado este obstáculo no tarda en presentarse otro parecido que nos obliga a echar pie a tierra. Avanzamos un poco más y por fin recibimos la noticia de que a partir de ese punto todo es bajada hasta San Rafael. La alegría se nos nota hasta convertirse en euforia.
Empezamos a descender y alguien grita “avalancha” unos cuantos compartimos el grito como si fuéramos niños en la salida al ansiado recreo y empezamos a pedalear con fuerzas que, en mi caso, no se ni de donde me vienen. Bajo detrás de Manolo, uno de los compañeros de Galicia, que a su vez lo hace tras de Víctor, no alcanzo a ver quien va más adelante, Paquito, seguro.
Noto que estamos bajando muy rápido, sobre todo cuando empiezo a ver como Manolo derrapa con las dos ruedas en las curvas haciendo yo lo propio. Llegamos a una curva cerrada tras la que alcanzo a ver la zanja de una escorrentía que tiene muy mala pinta. Manolo derrapa mientras saca el pie para conseguir otro punto de apoyo, por poco se mete en la zanja, no se como yo también consigo librarla.
Llegamos al albergue y mientras degustamos una merecida cerveza fresca, nos contarnos unos a otros la experiencia del día, en especial esta última bajada en la que se ha metido un ritmo infernal. Parece que Oscar, el de Serradilla y Víctor, en la curva de la zanja, han entrado pasados pero han conseguido saltar por encima de la escorrentía.
Es media tarde y tras asearnos marchamos en procesión al pueblo donde no tardamos en encontrar una terraza en la que cabemos todos. Bueno, ahora somos menos porque algunos han emprendido ya el viaje de regreso a casa.
Regresamos al albergue para cumplir con la juvenil hora de la cena y saciamos el hambre con sopa de fideos y San Jacobos aunque ahora con algo de vino cortesía de Paquito.
Ha sido un buen día en el que no ha habido percances y la mayoría decidimos volver al pueblo a celebrarlo con una cerveza más.
El cansancio hace que no tardemos en volver al albergue donde nos espera la deseada cama aunque, eso si, primero hay que ascender el Turmalet de escaleras.
Al levantarnos el Domingo comprobamos la “resaca” que nuestros cuerpos manifiestan por el esfuerzo del día anterior.
Tras desayunar nos montamos nuevamente sobre nuestras bicis y empezamos a pedalear, cansinamente, volviendo a pasar por el lugar tomado el día antes por miembros de la Guardia Civil para luego ascender por una carretera con pinta de ser poco usada. Es una subida pero muy llevadera.
Dejamos la carretera y tomamos un camino que en un primer tramo asciende bruscamente obligándonos a casi la mayoría a realizarlo empujando la bici. Volvemos a montar al reducirse la pendiente y afrontamos un tramo pedregoso en el que cuesta mucho mantener el equilibrio. Llegamos a una cerca y aprovechamos la necesaria parada para abrir la portezuela y reagruparnos. Continuamos el ascenso que está resultando muy duro comprobando que a medida que subimos esta mezcla de camino y sendero va aumentando no solo la pendiente sino la dificultad técnica para conseguir hacerlo montado.
Noto hasta cierto mareo, supongo que por la combinación del calor, el cansancio del día anterior, lo mal que he dormido y hasta un cierto enfado conmigo mismo porque me cuesta creer que se haya metido en la ruta una subida de este calibre teniendo en cuenta que es el segundo día de ruta, este Legar… que mala leche.
Por fin alcanzamos la cima y Legar nos comunica que bajaremos por donde hemos subido hasta pasada la cerca, momento en el que nos desviaremos a la derecha.
Iniciamos la bajada comprobando, una vez más, lo mucho que cambia un mismo tramo según se haga subiendo o bajando. La bajada es rápida y hay que estar muy atento de evitar zanjas que antes pasaban lentamente ante nuestros ojos y ahora lo hacen muy deprisa. Pasamos la cerca rodando al poco por un camino muy roto y pedregoso. Me dispongo a adelantar a un compañero que lleva menos ritmo y decido hacerlo por el lado izquierdo. No sé como estaría por la derecha pero este lado está lleno de piedra suelta que me va desplazando más y más hacia la izquierda, lo que no es bueno porque esto me saca totalmente del camino y veo la posibilidad de irme al terraplén que en este lado se encuentra. Consigo hacer un giro brusco y situarme en la trazada buena… esto es otra cosa. El camino o, más bien, sendero ancho, se mete en una especie de tubo cuyas paredes aprovechamos como peraltes para no perder velocidad en las curvas… Fin de bajada. Ha sido una bajada potente que a mi al menos me ha despejado del todo.
Enlazamos con el sendero de los ingenieros por el que ya habíamos rodado el día anterior. Vamos a buen ritmo cortado en alguna ocasión al encontrarnos alguna vaca cruzándolo. Llegamos al punto donde en la tarde del sábado habíamos enganchado con este sendero y continuamos en lo que ahora es un tramo desconocido del mismo. Reagrupamos y se nos dice que ya estamos terminando el sendero. Queda un último tramo en forma de V con una primera parte muy empinada formada por tierra suelta que examina nuestra habilidad en las cerradas curvas que encontramos. El segundo tramo es una casi pared vertical que subimos arrastrando las bicis.
Aparece David, el de Serradilla, que según parece ha tenido un encuentro intenso con un árbol. El caso es que se ha cargado el mando a distancia de la suspensión delantera que se ha quedado bloqueada. Mientras algunos intentamos solucionar, sin éxito, la avería, el grueso del grupo inicia el descenso que en este punto comienza.
Al cabo de un rato ya somos nosotros los que empezamos esta bajada que si bien no tiene mucha pendiente, piedras y pedruscos tiene para acabar aburrido. No faltan zonas embarradas y curvas con trampa en la salida en forma de pequeño repecho. Noto los brazos cansados y, a decir verdad, el resto del cuerpo también, pero la facilidad de pedaleo que te proporciona esa maravillosa pendiente negativa anima a pedalear con fuerzas al recibir a cambio la gratificante velocidad.
Terminada la bajada volvemos a nuestro cansado pedaleo llegando al punto donde el día anterior montáramos la comida campestre.
Vamos rodando por un sendero que deduzco es paralelo al de los ingenieros pero situado en la parte baja del monte. Paquito sufre un pinchazo y el grupo se divide entre los más cansados que siguen avanzando y los “menos cansados” que esperamos y luego recuperaremos terreno.
Llegamos al albergue. El resto del grupo todavía no ha llegado. Nos parece raro porque no les hemos adelantado…. Algunos aprovechan una manguera para lavar las bicis mientras otros ascendemos, una vez más, el Turmalet de escaleras para ducharnos e ir recogiendo el equipaje. Esto se acaba.
Por fin llegan los del primer grupo que han encontrado un sitio en el que les han dado caña de cerveza y pincho por un euro…. Como para no parar.
Se nota que es Domingo en el menú que tenemos, pasta y pollo y también parece que tenemos ganas de más rutas por lo que comenzamos a hablar de próximas quedadas. Jonan nos anuncia su intención de hacer una ruta por la zona de los lagos de Somiedo. Se concreta incluso una fecha, el 12 de Julio aunque queda todo por confirmar.
Llega el momento de las despedidas que no resulta triste porque al saber que nos esperan muchas más aventuras juntos.
El regreso a casa se hace pesado aunque escuchar por la radio el magnífico partido de tenis que Rafa Nadal está disputando en el Roland Garros nos mantiene entretenidos a Víctor y a mi.
Llegamos a nuestra ciudad. Parece que hace mucho tiempo que nos hemos marchado y solo han pasado 48 horas, eso si, vividas intensamente.

Crónica de la KDD de Ávila, por Jose Ignacio Herran

Posted in Uncategorized on junio 9, 2014 by goofalvaro

Que se realicen dos KDDs en dos fines de semana seguidos tiene, como todo, sus cosas buenas y malas.

Entre las malas está el pasar dos fines de semana seguidos fuera de casa, con lo que ello implica, el que cuando no has terminado de recuperarte del cansancio de una ya estás preparando la marcha a otra, el que los frescos recuerdos de la vivida se empañan con los nuevos pensamientos sobre la que está por vivir…pero, para los que nos gustan estos encuentros, al final prevalecen las cosas buenas sobre las malas;  una nueva aventura por disfrutar, reencuentro con muchos amigos, a algunos de los cuales hace tiempo que no veo, nuevos kilómetros que recorrer con nuestras herramientas de dos ruedas… Hasta resulta que me encuentro haciendo el equipaje de manera casi mecánica pues hace apenas siete días que lo he hecho otra vez, entonces, con motivo de mi desplazamiento a tierras gallegas aprovechando el puente del 1 de Mayo.

Confiado por esta seguridad que te da el repetir algo que has hecho hace poco, me relajo hasta que me doy cuenta de que los minutos están transcurriendo como si fueran segundos… ¿Ya son las cinco de la tarde?. Menos mal que he quedado a las seis y media con Aitor y en mi casa porque de otro modo iría muy pillado.

Preparo las bicicletas, si, las dos, porque teniendo sitio en el coche y la intención de hacer ruta los dos días, evito que los planes se me trunquen por una avería mecánica que no pueda resolverse sobre la marcha. Por otro lado, puede ser otro el que tenga la avería y si le vale una talla S puedo solucionarle la papeleta y, lo mejor que puede ocurrir, es que no la tenga ni que sacar del coche, claro indicativo de que no habrá habido averías gordas. Con estos pensamientos rondándome por la cabeza termino de situar las bicis y el resto del equipaje en el coche, apareciendo en ese momento Aitor que de forma puntual llega a la cita procedente de Aretxabaleta. Casi al mismo tiempo llegan también Víctor, Oscar “el duro” y Edu, aunque estos no llegan de tan lejos al ser del mismo Burgos.

Emprendemos viaje a Ávila.

Los kilómetros van pasando casi sin enterarnos, quizás por la animada charla que llevo con Aitor, abordando varios temas que no son ni el futbol, ni la política, ni tan siquiera las mujeres…. ¿seremos bichos raros?. En su lugar hablamos de viajes, rutas, remedios contra los mosquitos, personas que conocemos en común y, por supuesto, de la KDD a la que acudimos, especialmente significativa para mi al ser la primera a la que fui allá en el 2.010, siendo éste, por tanto, el quinto año consecutivo que voy. En particular, le comento que la ruta que haremos es como la que se hizo en el 2.012, de la que guardo un magnífico recuerdo al ser una de esas veces que te sale bien todo lo que intentas y hasta lo que no intentas.

Pasadas las nueve de la tarde entramos en Ávila y, tras una ligera equivocación en una calle, llegamos al hostal “El Pinar” donde pernoctaríamos esa noche y la siguiente. Ya nos están esperando Carlos y “el Rubio” que, tras los saludos en forma de abrazo, nos ayudan a situar las bicis a buen recaudo.

Dejamos el equipaje en la habitación y bajamos rápido para degustar una cerveza con nuestros anfitriones abulenses, Alex, Miguel, César y los antes dichos. Un poco más tarde, ya sentados a cenar, apareció también Gonza, a quien casi no reconozco con la barba de días que se había dejado.

Entre anécdotas principalmente contadas por Alex, que tiene un talento especial para ello, y las risas de todos, damos cuenta de la cena rematándola con el correspondiente postre. Algunos, siguiendo indicaciones del “señor vasco”, que es como había renombrado la amable colombiana que nos servía a Aitor, nos decidimos a probar una cuajada con miel y un chorro de brandi. Realmente recomendable, por cierto.

No podía faltar esa copa que nos adormece la mente, a la par que nos despierta la lengua, y a la que no siguió otra, no por falta de ganas, sino por la necesidad de descansar para la ruta del día siguiente.

Con razón nos decían que el hostal estaba al completo debido a unas oposiciones para policía nacional, caramba, casi no se cabía en la cafetería y hasta me daba miedo pedir al camarero que empezaba a dar muestras de cierto estrés. Es lo que tiene coincidir todos a la misma hora y por nuestra parte, además, iban llegando los que se incorporaban en ese momento a la aventura, Jesús que llegaba desde Burgos y un poco después los de Serradilla, Javi, Álvaro y la última incorporación, Daniel, con los que había coincidido el fin de semana anterior….. y oye, todos con ganas de desayunar.

En ordenada caravana de vehículos llegamos o, mejor dicho, bajamos a Herrandón de Pinares, lugar de comienzo de la ruta donde ya nos están esperando los de Valladolid y los de Lerma a los que, por lo que me dicen, se les ha ido la mano con lo de madrugar, supongo que por el ansia de rodar por estas tierras.

Una vez preparados y entre saludos, posamos para la foto de grupo en el puente del pueblo. Que majos estamos todos…. por supuesto, destaca Soraya al ser la única chica del grupo, lo  que ya no nos llama mucho la atención porque se ha convertido en “uno más”.  Hay una foto igual de hace dos años, la tengo que buscar.

Salimos tranquilamente del pueblo y, al poco, empezamos a ascender la primera de las tres subidas de que consta la ruta. No tardamos en sustituir la charla por la concentración necesaria para poder mantenernos sobre la bici en un sendero con abundantes piedras sueltas y quietas, grandes y pequeñas, aliñado con gravilla fina, resultado de la erosión de las anteriores, y con toques de zonas húmedas donde probar ese agarre que nos aseguran en la publicidad de venta de los neumáticos que llevamos y que, a veces, no es tal.

El calor añade dureza extra a la de por si exigente subida.

Cruzamos un arroyo esperándonos en la otra orilla un tramo tan corto como pronunciado y resbaladizo que no se si alguien fue capaz de superar montado. Morales aseguraba que si el terreno agarrase un poco más seguro que lo conseguía. Está desmelenado Morales con su stumjumper de 29 a la que hemos dado el nombre de “batmancleta” por si inconfundible color negro… único. Bueno, también la llaman “la cucaracha”.

Este arroyo debe actuar como frontera desapareciendo a partir del mismo la dificultad antes descrita, al tiempo que aumenta la pendiente de la subida…. “gallinas que entran por las que salen….”

Ya nos queda poco para alcanzar la deseada cima y decidimos parar a reagrupar y descansar sentados en la hierba mientras disfrutamos del espectáculo de un montón de variopintas vespas que ruedan por la carreta frente a nosotros. Por lo que nos dicen hay una concentración de este tipo de motocicletas. Empezamos a saludar a sus conductores y acompañantes y, comprobando la reciprocidad del saludo, nos venimos arriba con los típicos “aupa” y cosas por el estilo, más por nuestra propia convicción que por lo que ellos pudieran oir dado el ruido que hacían y los cascos que llevaban, pero bueno, el ambiente estaba conseguido.

De manera más agrupada realizamos la última parte de esta subida que ya empezaba a darnos un poco de tregua en cuanto a dureza, o quizás es la sensación que tenemos al ver que ya se termina….

Tras descansar un poco, colocarnos las protecciones, echar la “meadita” de rigor y un buen trago de agua, empezamos a rodar con velocidad gracias a esa maravilla que llaman pendiente negativa, descenso o, en definitiva para nosotros, la primera bajada del día.

No habíamos entrado en calor cuando nos vemos obligados a parar al toparnos con “el Rubio” que se encuentra parado en medio del sendero al haber pinchado. Le ofrezco rápidamente una cámara de repuesto y al abrir la mochila compruebo que no la llevo, algo se me tenía que olvidar, claro. Sin poder hacer mucho más y viendo que hay otros compañeros que ya le están ofreciendo cámaras, reemprendo la marcha junto con Loren tras la mayoría del grupo que ruedan ya a cierta distancia.

Animado por Loren, que me dice que está grabando y soy yo el protagonista, empezamos a coger buen ritmo de bajada, de esos en los que vas concentrado y notando que, en algún momento, estás rozando ese límite entre la verticalidad, de la que estás disfrutando, y la horizontalidad que supone el guantazo lo que, curiosamente, te da una gran satisfacción. Atravesamos una zona de piedras grandes, como no, dispuestas como anárquicos escalones, notando como van trabajando las suspensiones al rodar y, a veces, aterrizar tras haber volado por encima de ellos. Llegamos a una temible losa que, afortunadamente, está seca permitiéndonos rodar por ella confiados y después de unos pocos metros más, frenamos ante los compañeros que se encuentran ya parados, todos con la sonrisa de satisfacción que refleja el disfrute alcanzado en los minutos anteriores.

Descansamos un buen rato mientras van llegando el resto de compañeros y, por fin, el Rubio que según nos cuenta ha vuelto a tener otro pinchazo.

Reanudamos la bajada que ahora se convierte en pista, luego sendero, muy rápido, pequeñas trialeras que, a modo de trampas, nos recuerdan que no ha lugar a la relajación, llegando al término de esta estupenda bajada alcanzando al poco el pueblo del que hemos salido.

Tras realizar, algunos, unas pequeñas reparaciones y rellenar, todos, nuestras bolsas de la necesaria agua, especialmente con el calor que nos acompaña, iniciamos la segunda parte de la ruta de manera agrupada aunque pronto comienza la subida que rompe esta agrupación en bloque para pasar a convertirse en una columna de “a uno” moviéndose lentamente en su ascenso por un sendero que se transforma en una especie de serpenteante calzada romana donde el suelo está formado por… ¿piedras?, esta vez en su mayoría fijadas al terreno pero no niveladas, obligándote a esforzarte en cada una de ellas para continuar la ascensión.

El calor es fuerte y este tramo supongo que nos está pasando factura a todos, o a casi todos. Estoy consiguiendo mantenerme montado dando pedales lo que me da ánimos para seguir pedaleando desechando la idea de echar pie a tierra.

Termina el tramo de piedras pero la pendiente no se reduce, diría que incluso aumenta, o, al menos, eso me parece. No puedo seguir el ritmo de Víctor, mi referencia más próxima, y me adelanta Morales que junto con él empieza a sacarme metros mientras a lo lejos veo a otros compañeros actuando de vanguardia de este singular ejército con armas de dos ruedas.

No veo a nadie tras de mi. Sufro ese momento de falsa soledad que se produce al quedarte descolgado de los que van delante y no ser alcanzado por los que van detrás. Me concentro en dar pedales. Menudo calor. Giro la cabeza y ya empiezo a ver compañeros que se incorporan a lo que parece el último tramo de la subida. Me alegro, la soledad desaparece.

Fin de subida. Adopto la posición en la que se encuentran los compañeros que ya han llegado, culo en tierra y piernas estiradas.

Al cabo de un rato aparece Mili, de Lerma, es el último en llegar pero probablemente el que más mérito tiene, pues superar lo que llevamos de ruta con el tamaño de cuerpo que tiene este hombre no es fácil. Entre resoplidos me dice que lamenta haber tardado tanto…. “Vamos hombre no hay nada que lamentar porque no tenemos prisa” creo que le contesto, y es que, precisamente, la filosofía de estas quedadas es compartir unas rutas entre amigos, sin prisas, cada uno al ritmo que se marque y reagrupando cuando el grupo se ha desperdigado, todo ello dentro de que se plantean rutas endureras y, por tanto, es de suponer un cierto nivel para acometerlas. Nivel que desde luego este hombre tiene. Además, el hecho de que se realicen en diferentes localidades hace que para asistir a ellas, en algunos casos nos quedemos a dormir con lo que no solo se comparten momentos encima de la bici sino también una vez desmontados de ella. La logística así como el trazado de la ruta es una labor de la que se encargan los anfitriones y que, me consta,  supone un admirable esfuerzo, al menos para mi.

Continuamos llaneando, incluso por un pequeño tramo de carretera, y alcanzamos el punto de inicio de la segunda bajada, la del rio. Aviso a los de Lerma que no conocen esta bajada que es larga y en varias ocasiones hay que dar pedales por lo que se convierte en un tramo físicamente muy duro y técnicamente tiene su punto… Mi mirada se detiene en Luisma, uno de estos de Lerma, cuya expresión me recuerda la de los niños que van al parque de atracciones y están con esa permanente cara sonriente y ojos abiertos que no quieren perderse ni el más mínimo detalle del entorno que los rodea.

Empezamos la bajada buscando ese hueco donde creemos que debemos estar, alentando a los que consideramos más rápidos para que se sitúen delante nuestro y, a nuestra vez, colocándonos delante de los que creemos que pueden bajar más despacio.

Ante nosotros aparece un sendero con pronunciada pendiente hacia abajo y muy seco, lo que propicia una buena nube de polvo en los puntos de frenada. En un acto reflejo consigo cambiar de trazada para sortear una piedra que, asustada por la batmancleta de Morales, se ha puesto a rodar delante mio.

Creo que estamos rodando muy rápido teniendo en cuenta lo largo y sinuoso de la bajada y, de repente, nos detenemos todos con brusquedad. Desmontamos de las bicis y compruebo la causa del parón. Paquito se ha dado un guantazo que parece de los buenos. Se le ve una brecha en el mentón y se queja de la pierna. Tras fallidos intentos de colocarle una venda y unos puntos adhesivos, que no hay manera de adherir, decide que va a continuar la bajada. Parece que ya apenas brota sangre y aunque se queja de la pierna cree que puede hacerlo. El resto del grupo del Bike Racing Valladolid decide bajar escoltando a su líder por si surge algún problema.

Reanudo la marcha con el pensamiento de la mala suerte de Paquito con esta bajada ya que justo hace dos años tuvo también una caída nada más comenzar la misma que le obligó a retirarse de la ruta. En este caso ha hecho unos doscientos metros más…. es un progreso. Estas cosas, a veces, pasan. Me concentro en el sendero y voy adelantando a los compañeros que nos habían superado durante la asistencia a Paquito.

Ruedo muy a gusto y llego a un punto en el que veo parados a Pablo y Víctor. Hay un árbol caído y supongo que el motivo de la parada es sortearle pie a tierra pues aunque no está en el suelo creo que no hay altura para pasar por debajo. Me detengo y veo a Víctor contemplando su casco al tiempo que me lo enseña diciéndome que lo acaba de partir al chocar contra el árbol. Parece que Víctor ha querido despejar las dudas de si se cabe o no con una prueba empírica. Me preocupa la deformación profesional de este chico aunque comprendo que ser ingeniero con un trabajo, en parte, de investigación puede requerir a veces de comprobaciones que aseguren la absoluta certeza sobre algo. Lo importante es que se encuentra algo aturdido pero bien.

Vaya bajadita llevamos… No hemos llegado a realizar el primer tercio de la misma y dos compañeros, que además resultan ser magníficos bajadores, ya se han dado el piñazo….

Reanudamos la marcha situándome a la cabeza del pequeño grupo que nos hemos juntado al lado del árbol caído. Procuro coger ritmo que además se hace necesario para pasar por algunos puntos. Noto que falta algo…. Si, he dejado de escuchar el sonido de la bici que rodaba tras de mi, creo que era Pablo Briones. Paro y me vuelvo pero no veo a nadie. Hablo en voz alta conmigo mismo expresando el deseo de que no se hayan producido más caídas. Dudo sobre volver o continuar. No se exactamente cuando lo he dejado de oir y finalmente decido proseguir ya que en el grupo había varios compañeros y en caso de necesidad unos asistirán a otros.

Veo a Alex y  a Carlos con sus cámaras preparadas para fotografiarnos al paso por una zona de ¿piedras?… Me animan a que salte pero… casi que no. Prosigo la bajada y llego al camino donde termina y encuentro a Gonza esperando. Estoy agotado.

Al rato comienza a llegar la gente. Sus caras de cansancio y sus brazos y piernas con rasguños sangrantes por las espinas de las zarzas lo dicen todo. Ha sido una bajada dura y llena de percances por los que he visto y los que me cuentan. Con tan solo un ligero rasguño pienso que he tenido bastante suerte a la que sin duda habrá ayudado la labor de defensa realizada por las coderas y rodilleras que cada vez se ven más en este tipo de rutas.

Aparece Paquito junto con su cuadrilla con cara de circunstancias. Reagrupamos un poco y empezamos a dirigirnos al pueblo que lo tenemos a pocos metros de distancia. Falta gente, hecho de menos a Oscar “el duro”. me paro y pregunto por él. Alguien me dice que viene andando porque ha dejado la rueda delantera hecha un ocho en una ¿piedra?. Al poco le veo llegar confirmando lo que me habían dicho.

Ya en el pueblo las mesas en la plaza están dispuestas y llenas de alimentos con los que reponer las fuerzas que hemos dejado durante la mañana en estas tierras abulenses.

Paquito, sin probar bocado ni decir nada, se dirige a su coche y rápidamente se cambia y prepara para marchar. Le ofrezco un  paracetamol o un antiinflamatorio de los que llevo pero lo rechaza. Soraya insiste en acompañarle pero se lo niega con pocas palabras. Tiene prisa en llegar a Valladolid y dirigirse a un centro médico donde puedan remendarle el mentón y comprobar si el golpe tiene más alcance. Es triste ver a un compañero de ruta abandonando contra su inicial voluntad…. Espero que al menos el golpe no sea más de lo que vemos.

Comemos tranquilamente y al terminar la gente adopta posturas de descanso sin que nadie haga ni siquiera mención de reemprender la marcha. Varios se van decantando por no continuar. La mayoría por cansancio, Víctor prefiere dejarlo también no sea que el golpe en la cabeza le de alguna sorpresa. Oscar “el duro” con esa rueda tampoco puede continuar….

Me pongo la mochila a ver si alguien se anima pero mi gesto es mirado casi con indiferencia. Me la quito y decido irme al bar y acompañar a los que allí se encuentran tomando un café.

Debían ser las cinco de la tarde o puede que algo más cuando ya Carlos empieza a animar a la gente para moverse y realizar el último bucle de la ruta.

Reemprendemos la marcha con numerosas bajas. De 5 de Burgos nos hemos quedado dos. De los 4 de Lerma se han quedado dos. También los de Valladolid han tenido bajas en sus filas y hasta los de Ávila.

Comenzamos la última ascensión del día aunque no por ello iba a resultar fácil.

Al poco del comienzo afrontamos un tramo que apenas está marcado, con mucha pendiente y curvas tan cerradas que prácticamente hay que parar del todo la bici para trazarlas y luego  apretar hasta los dientes para coger la inercia necesario y conseguir subir otro pequeño tramo. Llegamos a un sendero en el que encontramos los restos de lo que en su momento sería el esqueleto de una vaca. Aprovechamos para sacarnos unas divertidas fotos con el cráneo del mamífero encima de nuestro casco.

Proseguimos hasta un punto en el que es necesario echar bici al hombro para ascender unas zetas. Una vez superadas ya podemos ver el final de la subida así como el trabajo que nos falta realizar para llegar.

Ascendemos por un estrecho sendero con piedras que hacen las veces de escalones mellando nuestras ya escasas fuerzas en esos momentos. Zonas blandas donde se hunde la rueda exigiendo un pedaleo rápido para poder atravesarlas seguidas de zona de piedra, un tanto suelta, están convirtiendo nuestro sudor en una fina fuente de agua que se desliza por nuestro cuerpo. Alcanzamos ya un camino que nos permite rodar con facilidad y terminamos la subida al lado de una imponente verja que, a juzgar por el tamaño de los tubos metálicos, se podría decir que dentro guardan rinocerontes.

Cuando creo que el trabajo está hecho y que puedo relajarme comenzamos a rodar por un sendero de los que llamamos falso llano con continuas trampas de piedras que impiden  relajación alguna de mente y musculatura. No obstante, me resulta muy divertida, de hecho creo que el conjunto de la subida me ha gustado mucho y llego a la conclusión de que estos tramos que te hacen pelear cada metro me producen una gran satisfacción. Una vez superados, claro.

Paramos a reagrupar. A unos 400 metros se ve la estación de trenes de Navalgrande. Recuerdo que la bajada se iniciaba en esa estación pero Alex, señalándome un cercado, me explica que no merece la pena bordear todo el cercado para bajar, de manera que el descenso comienza en este mismo punto. Le pregunto que, siendo así, ¿porque antes bajábamos a la estación? Y me explica que este tramo hasta conectar con el que llega de la estación está muy roto por la paso de las motos de enduro con alguna zona peligrosa. Teniendo en cuenta de quien vienen estas palabras sin preguntar más reviso los ajustes de mis protecciones.

Comienza la bajada con “el Rubio” a la cabeza empezando a formarse una niebla con el polvo que levantamos a nuestro paso. Freno al tiempo que veo la bici del rubio por un lado sin conseguir verle a él. Una caída sin importancia que creo le pone aún más las pilas a este elemento que reanuda la bajada… hasta con más ganas.

Casi me salgo en una curva de manera que no entro bien en la siguiente y ahora si, me salgo… me incorporo al sendero tras del chico de la enduro de 29, creo que se llama Víctor. Está metiendo un ritmo bastante rápido, por detrás de mi veo que es Goffi quien viene.

Curvas rápidas con piedras, pasos no aptos para bicis rígidas. Noto el cansancio y los antebrazos empiezo a notarles duros. Decido aflojar el ritmo, no me merece la pena. Le invito a Goffi a que me adelante pero me contesta que va bien detrás mio. Disfruto en un paso trialero al haber conseguido entrar por la trazada buena. Otro tramo rápido sobre losas de piedra con algunos huecos que las suspensiones se encargan de suavizar. Tramo final con bastante pendiente en cuyo inicio hay un conjunto rocoso que invita a utilizarlo como rampa de despegue pero, me faltan fuerzas. Oigo que Goffi sí lo ha aprovechado por su exclamación de gozo. Me alegro. Paramos las bicis al tiempo que chocamos nuestras  enguantadas manos con las de los compañeros que han llegado antes que nosotros.

Una vez reagrupados y hasta reparados los pinchazos descubiertos por un par de compañeros, proseguimos camino rodando con tranquilidad y sabiendo que ya no habrá más bajadas, o si…

El sendero por el que rodamos desciende bruscamente a media ladera. No es un tramo largo pero lo aprovechamos cual último bocado de una sabrosa comida y nos quedaba el postre.

Nuevamente reagrupamos y comenzamos a rodar por la vereda de un riachuelo con sus pasos estrechos, algún pequeño repecho y, por supuesto, unas cuantas piedras….. Alex pone un ritmo como si nos quisiera perder de vista…. No se que le hemos podido hacer. Recuerdo cuando le pise las gafas en la KDD de Navacerrada… Si, es posible que esa herida todavía no haya cicatrizado del todo y eso que fue sin querer…

Jadeantes llegamos al fin de esta vereda donde unos últimos metros por carretera nos conducen al pueblo.

Nos despedirnos de quienes no se quedan para el día siguiente, es decir, de la mayoría, y  regresamos al hostal donde nos asearnos con rapidez y pasamos a degustar una buena jarra de cerveza compartiendo las anécdotas del día.

En el restaurante nos habían preparado una buena cena disponiendo además del comedor y casi del conjunto del establecimiento para nosotros solos. Tanto es así que, según me dijeron al día siguiente los que habían tardado más en acostarse, les habían ofrecido la llave del establecimiento para que cerrasen… Claro, tanto postre y tanto turrón necesita de mucho liquido potente para hacer bien la digestión.

Todavía atontado por lo poco que había dormido bajo a desayunar descubriendo que hace un día despejado, quizás, algo más fresco que el anterior, aparte de eso parece que mi cuerpo recuerda bien la dureza de la ruta del día anterior.

Llegamos a Riofrio, pueblo del que partía la ruta de este día.

Tardamos en iniciar la andadura, parece que no tenemos especial prisa en empezar a movernos pero a ritmo tranquilo nos ponemos en marcha. Pasamos por un punto en el que se ve una gran losa inclinada y Carlos nos dice que bajaremos por ella al término de la bajada que vamos a realizar.

Rodando por un camino que cada vez va adquiriendo más pendiente. La fatiga del día anterior se nota y el pequeño grupo que somos esta vez comienza a alargarse ascendiendo cada uno al ritmo que su cuerpo le permite. Al cabo de un buen rato de ascensión alcanzamos el objetivo deseado y aprovechamos y hacernos unas fotos. Alguien me dice que si no hemos visto una serpiente bajo una piedra…. Pues no, ni me he fijado, harto tenía con ver el camino delante a través de unos ojos escocidos por el sudor que resbalaba por mi cabeza.

Rodamos un breve rato hasta internarnos en un sendero que termina sin que se vea continuación. Alex y Carlos nos van dirigiendo por el campo sin verse ningún sendero ni camino ¿nos habremos perdido?. Dudan en algún punto pero seguimos avanzando y nos paramos. Según parece aquí empieza la bajada aunque solo se ve una estrecha, senda posiblemente frecuentada por animales, entre arbustos. Pregunto a Carlos si la bajada es muy potente y me responde que no, lo normal. Me alegro porque no tengo yo el cuerpo ni la mente para muchos tinglados.

Se dispone el orden de bajada, Rubio, Javi H, yo mismo, Goffi, no veo quien va detrás de Goffi porque iniciamos el descenso por esta senda que rápidamente comienza a tener pendiente favorable. La cosa empieza a complicarse por pasos estrechos con regueros, esculpidos por el agua y por fin hacen su presencia las queridas piedras abulenses escondidas tras curvas cerradas sin apenas visibilidad debido a los crecidos matorrales. Los pasos me resultan complicados y pierdo de vista a Javi H. Intento recuperar ritmo pero la bajada se ha convertido en un curveante sendero en el que van surgiendo pequeñas trialeras que se encargan de dar los sustos cual visita a la casa de los horrores en un parque de atracciones. Le voy cogiendo el truco. Empiezo a gozarrrr.

Goffi me sigue, aparece una bifurcación, dudo pero parece que acierto con el camino correcto. La pendiente me permite contemplar fugazmente un precioso paisaje. Llega otra bifurcación elijo pero esta vez no acierto y me encuentro ante unas losas que requieren pie a tierra. Goffi está detrás de mi pero veo como Carlos, seguido por Aitor y Loren, han cogido el sendero correcto un poco más arriba. Contactamos con ellos y continuamos bajando hasta el punto donde ya se encuentran “El Rubio” y Javi H.

Juzgamos la bajada llegando al unánime veredicto de considerarla la mejor del fin de semana en cuanto a singularidad.

Tras un rato de espera aparece Eduardo y, un poco después, Jesús. A juzgar por el aspecto parece que Eduardo ha recibido algo más que un susto de alguna de las trialeras, de hecho, se queja de dolor pero eso si, con buena cara….

Terminamos la pequeña parte que nos queda de bajada rodando por medio de un riachuelo y tirándonos por la losa de piedra que Carlos nos indicara hace un rato.

Llegamos al pueblo donde Navarro, artífice de los avituallamientos, ya nos tenía preparada una mesita en el soportal de una casa.

Comemos despacio y me doy cuenta que despertamos curiosas miradas en los vecinos que se cruzan con nosotros procedentes de la iglesia. Supongo que no somos una estampa con la que habitualmente se encuentren.

Nos sentamos de nuevo sobre nuestras bicis y afrontamos la última subida del fin de semana por un camino que casi se pierde para volver a emerger unos metros más arriba con un tramo de piedra suelta ante el que me planteo claudicar. Alcanzamos la carretera y continuamos el ascenso por ella al carecer de las fuerzas necesarias para hacerlo por un complicado sendero que nos indican Alex y Carlos.

Aclaradas las dudas respecto del punto de inicio de la bajada, empezamos a rodar siguiendo un alocado ritmo que está metiendo “el Rubio” y al que sorprendentemente estamos respondiendo al menos Goffi y yo, puede que alguno más pero no me puedo permitir el lujo de mirar hacia atrás. Veo a Goffi que casi va al suelo en una curva y yo mismo noto que derrapo con las dos ruedas para conseguir mantener el trazado de la curva.  Breve parada para reponer fuerzas y reagrupar y continuamos. Esta vez no se que pasa pero en segundos dejamos de ver al “Rubio” y nos vemos metidos en un campo de pasto con vacas mirándonos con cierto interés. Llegan otros compañeros y llegamos a la fácil conclusión de habernos equivocado en algún punto haciéndose preciso encontrar una salida que no requiera el esfuerzo de volver a ascender por donde hemos bajado. Encontramos un paso que consideramos ciclable y nos decidimos a tomarlo. Alcanzamos un camino que nos acerca al pueblo donde ya se encuentran El Rubio, Carlos, Alex y creo que César. Echamos en falta a Jesús pero no tarda en aparecer.

Regresamos a Ávila. Nos aseamos en unas habitaciones de cortesía y en la gasolinera que gestiona el Hostal nos facilitan el acceso a una nave donde dejamos el vehículo cargado con las bicicletas y el equipaje listo para emprender viaje pues los amigos de lo ajeno no aconsejan acercar el coche al restaurante también dirigido por la amable colombiana que nos ha atendido en las cenas de las pasadas noches.

Comemos y nos despedimos de nuestros magníficos anfitriones manifestando nuestro mutuo deseo de volver a vernos. “El Rubio” se encarga de acercarnos en esta ocasión a Aitor y a mi a recoger mi coche. En este breve trayecto elogiamos una vez más la primera bajada realizada en esta mañana. “El Rubio” nos dice “la gente se cree que las bajadas del Domingo son una pachanga… pero de eso nada” .

 Los kilómetros van pasando despacio. Aitor se ha quedado dormido.

Entre el murmullo del motor, el sonido de fondo de la radio y el silencio de mis pensamientos conduzco de vuelta a casa.

 

 

 

 

 

Ruta del Califato: Córdoba – Granada

Posted in Uncategorized on abril 25, 2014 by goofalvaro

Bueno aquí os dejamos el vídeo y las fotos de lo vivimos la pasada semana santa. Fueron 230km de pedaleo, grandes desniveles, bastantes anécdotas y muchos golpes de pedal.

RECUERDO, PARA DISFRUTARLO EN HD VERLO DESDE LA PAGINA DE VIMEO

También os dejamos con las fotos

 

Crónica KDD San Blas 2014

Posted in Uncategorized on abril 7, 2014 by goofalvaro

Aquí tenéis la crónica de la KDD de San Blas 2014 en Serradilla del Arroyo de nuestro buen amigo Jose Ignacio Herran, mas conocido como Jose “el Turronero”. Merece la pena leerla al completo, es como volver a revivir la experiencia  y sentimientos de aquel épico fin de semana. Desde aquí animar al autor a seguir con estas crónicas que relatan de una manera concisa y al detalle todas nuestras bienaventuradas vivencias.

 

Llegó el viernes 21 y las prisas y los nervios propiciaron que tuviera varios olvidos en la preparación del equipaje, el más imperdonable de todos el turrón….. Yo, Jose “turronero”, y se me olvida el turrón.

Tras recoger a Jesús, mi compañero de viaje en esta ocasión, nos dirigimos a un área de servicio donde había quedado con Koldo y Aitor, venidos de Vitoria y Aretxabaleta respectivamente. Es curioso pero cuando saludo a los compañeros de KDDs  siento una alegría como si hiciera muchos meses que no los veo y, al momento, la sensación de que continuamos con lo que dejamos la última vez que nos vimos, como si ese tiempo no hubiera pasado.

Llegamos a Serradilla con la noche ya bien cerrada y no tardamos en contactar con el responsable del hotel rural “casa del médico”, Javi, persona muy amable con la que todo fueron facilidades.

Tras situar primero las bicicletas a buen recaudo y luego el equipaje en la habitación que, de manera un poco ajustada, nos había apañado Javi para que pudiéramos alojarnos los cuatro, nos dirigirnos al bar de Simón, lugar donde celebraríamos las reuniones del evento, quizás por lo de ser el bar…. y nada más cruzar el umbral de la puerta comenzaron los encuentros con los compañeros que ya habían llegado Cañas, Fernando, Alberto, Alex, El  Rubio, Carlos… y, por supuesto, con los chicos de la Hastiala,  anfitriones en esta ocasión.

Con rapidez dimos cuenta de la cena, es lo que tiene el hambre, y con tranquilidad del café y los chupitos que degustamos mientras las sensaciones que antes he descrito no paraban de sucederse al ir apareciendo de forma escalonada otros compañeros de esta Kdd, Patricio, Juan Carlos “el primo”, Meyu…… (perdón por los que no nombro).

Entre comentarios y risas se hizo la hora de marcharse a dormir, que buena falta nos hacía, y según nos encaminábamos hacia la habitación Aitor nos recuerda, y advierte, que ronca por las noches…. Bufff esto suponía un problema para Koldo y para mi pero, por suerte, teníamos remedios para ello en forma de tapones para los oídos y pastilla para dormir o, al menos eso creía, porque a eso de las 7 de la mañana me despierto ante el ruido de alguien que desde el exterior está abriendo la puerta de la habitación ¿? . Cual fue mi sorpresa al ver entrar a Koldo que me dijo que ante el sonido de los ronquidos de Aitor tipo “tractor averiado” que ni los tapones podían paliar,  había optado por  dormir en el sofá del salón del hotel rural pero, eso si, a la siguiente noche le tocaría a Aitor ser el desterrado. Por mi parte la combinación de cansancio, un par de chupitos y la pastilla, dieron como resultado un profundo sueño con lo que ni me enteré.

Después de desayunar nos fuimos a la plaza donde estaban congregándose todos los compañeros con los que compartiríamos la ruta del día. A los pocos minutos la caravana de vehículos se ponía en marcha bajo una lluvia fina que cada vez era más intensa. Al llegar al puerto por el que se entra a las Hurdes la lluvia se había convertido en agua nieve…. No pintaba bien el día.

Yo creo que nuestras KDDs deben hacer gracia a la madre naturaleza porque cuando llegamos al merendero, donde dejamos los  vehículos, la lluvia empezó a cesar hasta apenas caer unas gotas cuando nos pusimos en marcha y parar definitivamente al poco tiempo.

Se me había hecho largo el puerto al bajarlo en coche pero, ahora, aunque me tocaba subirlo dando pedales, se me estaba haciendo muy ameno, quizás porque no paraba de charlar y saludar a los miembros del numeroso grupo que nos habíamos juntado, creo que éramos unos cuarenta y…., mientras  contemplaba maravillado como los habitantes de la zona habían ido esculpiendo la montaña para darla una forma que se asemeja a desproporcionadas pirámides mayas de manera que les permite disponer de unos pocos metros cuadrados llanos de tierra donde poder plantar.

Abandonamos el asfalto para meternos en una pista que nos conduciría a la primera bajada del día. De hecho, poco antes de llegar al punto de inicio la estaba viendo y llegué a comentar con quien tenía al lado “lo mismo bajamos por ahí… aunque esas curvas parecen de más de cerradas”. Y es que la complicación de la bajada consistía precisamente en el reto de tomar las curvas encima de la bici sin caerse, claro, especialmente a favor de pendiente, porque ésta era importante en toda la bajada llegando en algunos tramos a ser vertical por estar sujetos con muros de piedra, ya que este sendero se sigue utilizando por los habitantes de la zona.

Algunos como Koldo consiguieron realizar la casi totalidad de curvas, otros la casi-casi totalidad, Me sorprendió Negrete como era capaz de trazar –OJO– con una 29” …. , y también hubo quien por exceso de fogosidad o, simplemente, por mala suerte probaron a tatuarse el relieve del terreno en propia carne.

Lo único malo de las bajadas es que precisan de tu concentración y hasta que no estás abajo no eres capaz de valorar el paisaje en el que te encuentras por lo que, en algunos casos, seguramente nos perdemos vistas fantásticas. En este caso fue una maravilla que la bajada terminase en un punto que era como un mirador desde el que pudimos contemplar un entorno en el que, como dijo Alex, sólo faltaba que surgiera algún dinosaurio de entre las formaciones rocosas.

Cruzamos el pueblo que se encontraba a poca distancia llamándome la atención su  pequeñez en cuanto a número de casas y la estrechez de sus calles por las que “físicamente” no cabe un coche. Esta sería la estampa normal de los pueblos por lo que pasaríamos.

Continuamos ruta volviendo a pasar delante de los coches para luego incorporarnos a un sendero entre piedras y jaras donde no faltaron pasos técnicos, alguno de decisión, e incluso alguno de pie a tierra.

Sendero muy divertido que pronto se acabó para rodar unos metros por carretera y comenzar otro con una pendiente hacia arriba de las que obliga a echar pie a tierra salvo a algún valiente que, normalmente, también termina desgastando su calzado con la tierra y piedras del lugar y es que en esto de las rutas de enduro, no solo se pedalea, se habla, se bebe cerveza….. también se patea,  normalmente cuesta arriba empujando la bici o llevándola a hombros, vamos, que no nos privamos de nada.

Casi sin darnos cuenta bajamos nuevamente a la carretera y llegamos a un mirador en el que ya nos estaban esperando Meyu, Inma, Mari….. con el avituallamiento. La vista que había desde este punto era de auténtica postal emergiendo desde un serpenteante rio una montaña esculpida al estilo de esta tierra.

Por supuesto había que tomar café y en el siguiente pueblo, que ya era un poco más grande, había un bar donde supongo que todavía se están reponiendo de la sorpresa de ser visitados por Javi H y los 40 riders… Parada que alguno también aprovecho para hacer su gracia y meter la bici del que esto escribe en un contenedor de basura. Para más colmo y risitas de los compañeros resulta que la estaba buscando y no era capaz de verla aunque la tenía casi en frente, supongo que mi mente no era capaz de asimilar que mi “peazo bici” recien reestrenada se encontrara en tal lugar.

Rescatada la bici de la boca del contenedor, nos pusimos en marcha saliendo del pueblo por una callejuela, empinada… hacia abajo y  con remate final de escaleras que descendían hacia el río que obligaba a despejarse del adormecimiento que a estas horas nos suele rondar y, la verdad, menos mal, porque a partir de este momento comenzábamos lo que, al menos para mi, fue el tramo más “delicado” de toda la ruta pues tras un pequeño tramo de “trepar” literalmente con la bici a la espalda, comenzamos un sendero robado a la roca, seguro que con mucho esfuerzo, que se dibujaba paralelo a un rio pero unos cuantos metros por encima de éste, lo que hacía que en algunos tramos a la dificultad técnica de pasarlos montado se añadiera el valor de tomar la decisión para así hacerlo. Uno de estos puntos era atravesar una zona de roca por la que discurría el agua que justo en el momento antes de convertirse en cascada.

Aprovechando el pinchazo de un compañero se hizo la típica parada de reagrupamiento, momento que en estas ocasiones suele ser aprovechado también para que el corazón retome su número normal de latidos  y apreciar la belleza del entorno. Cuando llevábamos unos pocos segundos disfrutando de este estado nos vimos sorprendidos por los gritos de Paquito alentando a Koldo, Juan Carlos “primo” y creo que también a sí mismo, para que fuesen todavía más rápido de lo que ya iban por la zona, cosa seguro que nada fácil teniendo en cuenta la conocida habilidad de este trio. Se puso en duda que gracias a esos gritos fueran más rápido pero lo que quedó claro es que Koldo que circulaba delante de Paquito, acabó con la cabeza como un tambor y rogando para que Paquito no se pusiera detrás de él.

Continuamos por este magnífico sendero para, al cabo de un rato, empezar lo que sería la subida más larga del día, formada por una pista que ascendía con buena pendiente entre un bosque de pinos.

Para superar este tipo de tramos que se hacen realmente duros a mi me funciona ir charlando con alguien y así evitar entrar en el estrés que te causa el deseo de que la subida se termine al girar la próxima curva y la comprobación de que no es así cuando terminas el giro y… vuelta a empezar

Por fin Y ANTES DEL TÉRMINO DE LA SUBIDA, paramos al llegar al punto donde se iniciaba la bajada. Tras dedicar un tiempo a reponer fuerzas y revisar “andando” los saltos que los anfitriones habían preparado al inicio de la misma, comenzamos el descenso entre algunos gritos que Paquito nos había contagiado comprobando que la bajada supera, al menos, mis expectativas. Y es que a estas alturas de ruta el cansancio se nota y las reservas de adrenalina ya están en su punto bajo. Casi me alegro de la parada que hicimos cuando Oscar sufrió unos calambres que procuré solucionar con el rural remedio del pinchazo en la pierna que, no obstante, no llevé a cabo porque el imperdible oxidado que me facilitó Curri me daba cargo de conciencia hincarlo, no sea que arreglemos un problemilla y tengamos un problemón…. Al término de la bajada los elogios sobre la misma no dejaban de sucederse.

A poca distancia nos encontramos con los coches de apoyo que nos ofrecieron un poco de avituallamiento y la posibilidad a algunos de dar por terminada la ruta mientras el resto continuamos por un divertido sendero tras el que, como no, comenzó otra subida, afortunadamente no muy larga y lamentablemente muy intensa, para llegar a enlazar, pero en sentido contrario, el sendero que por la mañana habíamos recorrido.

Más con la luz de la luna que con la del sol llegábamos a los coches. Ruta terminada.

De vuelta en Serradilla nos esperaba una buena cena que, desde luego, nos habíamos ganado, donde comentamos las anécdotas del día, alguna que otra historia pasada y, por supuesto, hicimos la ola a las dos chicas compañeras de esta ruta, Soraya y Pilar “caracolillo” que una vez más me dejan sorprendido no solo por aguantar la ruta sino por aguantarnos a nosotros…. que no se que es peor. En este ambiente relajado solo se echó de menos el turrón que siempre presumo de llevar y que, en esta ocasión, como ya me ocurriera en Picos, se me había olvidado.

Como buenos endureros y haciendo honor al origen de esta palabra que significa, más o menos “resistencia”, al día siguiente estábamos puntualmente en la salida de la ruta organizada de San Blas que compartíamos con un montón de amantes de este deporte venidos de pueblos cercanos, Salamanca, Ávila y Valladolid principalmente. Nuevamente caras conocidas y abrazos que dejan testimonio de las amistades existentes.

El cansancio se nos notaba y nuestra mente asilvestrada también, y así el primer tramo hasta el avituallamiento se nos hizo eterno al estar formado por caminos y pistas sin más aliciente que el entorno por el que discurrían. Como bien decía Cañas, “con esto se hace fondo”.

Después del avituallamiento la cosa cambió comenzando un trazado por senderos que requerían de destreza para pasarles con alegría recorriendo tramos realmente bonitos por los que daba gusto rodar, lo que hizo mover el resorte que activa la adrenalina de emergencia para poder disfrutarlos al máximo. En algunos momentos escuché a gente que hacía comentarios referidos a los que el día anterior nos habíamos metido una ruta de las duras por la zona. Parece que se había extendido el rumor del grupo de zumbados que en esta ocasión formaba parte de la tradicional ruta.

Junto con mi querido amigo Loren, de Ávila, quemé mi penúltimo cartucho al rodar “a fuego” por un sendero con sus escalones de piedra y otras cositas que discurría paralelo al río.

Al término de este tramo y sabiendo que lo que quedaba era un recorrido por caminos sin complicaciones hasta llegar de vuelta a Serradilla del Arroyo creo que todos nos pusimos otra vez en “modo paseo” terminando la ruta con la tranquilidad del inicio y la tristeza de saber que la KDD estaba terminando.

Al finalizar la comida la sucesión de abrazos de despedida era acompañada con los comentarios sobre las próximas quedadas, León, Galicia, Ávila…..

 

 

 

 

4ª Especial Enduro Canyon Extren Patones 2014

Posted in Uncategorized on abril 3, 2014 by javibtt

Sin duda de todas las especiales la más dura .

Con cuatro horas de competición en las piernas esta especial saca de los corredores todo lo que les queda.

Dosificarse al principio es importante para poder llegar con fuerzas suficientes a la parte final donde nos espera una sorpresa de piedras y regateras con mucho desnivel.

Esta es una especial de pedaleo intenso con varias subidas y con un grupo de senderistas repartidos por el trazado, lo que provoca la caída de más de un corredor.

Como en todas las especiales no podía faltar alguna incidencia, en esta en concreto se me sale la cadena y se enreda en la biela haciéndome perder unos valiosos 20 segundos. Se puede decir que acabe contento pero  las piernas acalambradas y el aliento pidiendo descanso. A qui tenéis el vídeo.

3ª Especial Enduro Canyon Extren Patones 2014

Posted in Uncategorized on abril 3, 2014 by javibtt

Una especial muy divertida y difícil.

Mantener una velocidad alta entre los pinos no resulto nada fácil por la poca visibilidad del sendero.

Muchas curvas y pocos trazados rectos. Al final de la misma me encuentro a dos participantes  al intentar  avisarles para poder pasarles pierdo la concentración y acabo contra un pino.

Como en todas las especiales acabo teniendo algún incidentes.  Esta es la grabación:

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 300 seguidores