Crónica KDD San Rafael, por Jose “El Turronero”

Incertidumbre. Esa era la sensación que tenía al aproximarse la fecha del encuentro interclubes organizado por los amigos del Bike Racing Valladolid.
No es una sensación habitual ante la llegada de estas deseadas quedadas pero era consciente del esfuerzo que supone para el anfitrión organizar estas rutas, no sólo en cuanto a tener bien aprendido el trazado, sino al tiempo que es necesario dedicar para coordinar los periodos de estancia de los que acudimos a ellas y el lio que esto supone ya que unos vamos el viernes y nos quedamos las dos noches, otros duermen la noche del viernes al regresar a su domicilio terminada la ruta del sábado, otros se incorporan el sábado y se quedan esa noche para disfrutar también de la ruta del Domingo, otros llegan y se van el mismo sábado…..y, todo esto, en unos cuantos casos, confirmado o cancelado unos pocos días antes del encuentro, a veces por circunstancias ajenas y otras por la propia dejadez o falta de compromiso de algunos de los que acuden a estos eventos.10386928_4437496273650_4085812738746404279_o
La razón de esta incertidumbre era que Paquito, líder del grupo anfitrión, entre sus circunstancias laborales y la lesión que le produjo la caída en el Interclubes de Ávila, no había podido dedicar el tiempo que le hubiera gustado a organizar este lío. Para colmo de males, en vez de repetir la ruta y alojamiento de los 3 años anteriores, este año era ruta por distinta zona y por tanto albergue también diferente. Hablando un día con él, se lamentaba de no haber repetido un año más la ruta por la zona de Navacerrada, territorio ya conocido por todos, así como el curioso albergue o, mejor dicho, campamento, en el que ya casi tenemos adjudicados los catres de un año para otro, pero… ya estaba todo en marcha. Este año la ruta se realizaría en la Sierra de Guadarrama, partiendo de un albergue situado en la localidad de San Rafael y recorreríamos el “sendero de los ingenieros” y otros tramos del entorno.
Partimos desde Burgos en la tarde de este ventoso viernes 6 de Junio. Como siempre con buen ánimo y ese cierto nerviosismo que precede a estas aventuras que se sabe comienzan haciendo el equipaje y terminan deshaciéndolo al regreso pero lo que nos espera entre medias es una incógnita, en este caso, además, aumentada por la novedad de la ruta y lugar al que nos desplazábamos y esa incertidumbre a la que antes me he referido.
Finalmente éramos siete burgaleses que llegaríamos en dos veces ya que Jesús y su hermano Carlos se veían obligados a salir más tarde. Los demás, Miguel, Oscar “el duro”, Víctor, Marcos y yo mismo emprendíamos viaje a las seis de la tarde.
A eso de las nueve traspasábamos la puerta que daba acceso al recinto donde se encontraba el albergue formado por un palacete de principios del siglo pasado. Una magnífica casona de piedra con una piscina orientada al Sur, sin agua claro, donde ya nos estaban esperando los anfitriones y los amigos de León.
Saludos rápidos para realizar la descarga del equipaje y situar las bicis en una habitación de la planta baja que al encontrarse vacía haría las funciones de garaje donde descansarían nuestras monturas. Al entrar por la puerta principal con nuestro equipaje y, claro está, nuestras bicis, me sorprendió la atónita mirada de un montón de niños y niñas que, junto con sus monitores, parecía que estaban descansando mientras presenciaban este poco común desfile de personajes con sus bicicletonas. Era evidente, no estábamos solos.
Preguntamos por la situación de nuestras habitaciones y se nos indicó que se encontraban en la última planta. Parece mentira, desde fuera la casa no parecía tan alta, pero según ascendíamos por las interminables escaleras pensé que el calentamiento de nuestras piernas para el día siguiente estaba asegurado.
Paquito, ejerciendo bien su labor de pastor, nos metió prisa porque había que cenar ya. ¿Ya?, sin haber tomado una cerveza y no siendo todavía las nueve y media?. “El horario es de albergue juvenil” nos respondió. Lo de juvenil además de figurar en el cartel indicativo del lugar ya lo habíamos comprobado hacia pocos momentos.
La cena consistió en arroz con tomate y albóndigas. Lo que es un menú juvenil que, si bien no deleito nuestro paladar, si llenó nuestros estómagos.
Quizás fuera porque la cena era “juvenil” y con agua, o quizás por nuestros deseos de tomar la ansiada cerveza, el hecho es que la despachamos rápido y con más rapidez aún salimos del albergue dirección al pueblo que distaba 200mts. de donde nos encontrábamos. Tardamos un poco y unos cuantos metros más en encontrar un bar “del gusto de todos” donde ya, por fin, saboreamos el amargo sabor del jugo de cebada.
Algo más despacio volvimos al albergue encontrándonos en ese momento con los que nos faltaban de Burgos y con los tres compañeros llegados desde Galicia, Miguel, Manolo y Javi.
Una última cerveza cortesía de Jesús, en la calle, porque dentro no estaría bien visto, y otra vez a subir ese Turmalet de escalones hasta alcanzar nuestra planta.
Mientras desayunábamos aparecen los de Serradilla, con cara de susto, y nos cuentan que a la entrada del pueblo se han topado con un dispositivo de la benemérita que estaba parando a los coches y resulta que David y Dani se habían despistado haciendo caso omiso al alto, lo que había provocado que un guardia civil llegara incluso a desenfundar su arma gritando “ALTO”. Al final todo solucionado con una multita de 200 euros y dos puntitos de carnet. No parecía buena forma de comenzar el día. Al poco entran otros de Valladolid a los que también habían parado aunque con mejor final al haberse detenido a tiempo, eso si, una navaja que llevaban en la guantera les quedó claro que no era el lugar adecuado para su transporte.
Últimos detalles para la salida, coger agua, revisar la lubricación de las cadenas… Israel observa mi guía cadenas nuevo indicándome que no está bien colocado. “No me fastidies Isra que me lo acaban de poner esta semana en la tienda”. Recordamos entonces como en la anterior KDD Israel se fijó que llevaba la potencia montada al revés y se “preocupó” de comentarlo con el resto de compañeros que, uno a uno, a lo largo de la ruta, me fueron realizando la misma indicación. Tal fue la brasa que me dieron que en cuanto llegué a casa lo primero que hice fue desmontarla y montarla de nuevo siguiendo las instrucciones de Isra. La verdad es que el guía cadenas me lo habían montado en la misma tienda ¿?
Tras la foto de grupo 38 compañeros iniciamos la ruta encontrándonos al poco con el famoso dispositivo policial.
Echamos de menos a Paquito que ha decidido incorporarse a la ruta a partir de la comida porque su estado físico así se lo aconseja.
Se comienza como es lo habitual, subiendo. En este caso por un agradable pinar en el que hubo que parar y así dar tiempo a Negrete a reparar un pinchazo. Los hay que ya adelantan tareas cual alumnos aventajados y comienzan la ruta pinchados…. Dos ciclistas nos adelantan llamando la atención sus bicis de la “exclusiva” marca Pivot, incluso uno de ellos con las carísimas llantas “Enve”
La primera parte del ascenso culminaba con un resbaladizo repecho de gravilla y piedra suelta. Continuamos por un camino que, aunque en subida, resultaba muy llevadero, llegando a la altura de uno de los que nos había pasado antes. No tardé en entablar conversación con él. Se llamaba Jorge y era de Madrid. Bromeando me presenté como “Jose Turronero” pero no había oído hablar de mi… que poca cultura endurera. Para mi sorpresa a quien si conocía por los foros era a nuestra querida Soraya, destacando, merecidamente, una vez más, esta increíble chica.
Alcanzada la cima no tardamos en iniciar el descenso de la bajada conocida como “DH 2000” que dado que no estábamos a esa altura supongo que el nombre será por las más o menos 2.000 piedras que tenía el sendero por el que bajamos, unas sueltas y otras bien atadas al terreno. Una vez más el dinero que pagamos por estas bicicletas parece bien empleado al comprobar que sigue todo en su sitio tras terminar la bajada, bueno, quizás no era el caso de todos, porque nos faltaba gente.
Al cabo de un rato, uno de los que bajan nos comunica que Juan Carlos, el de Valladolid, ha pinchado una vez y luego parece que otra, le ha debido gustar y alaa a repetir … que ansia.
Pasa el tiempo con esa lentitud especial que afecta a quien espera y empezamos a quedarnos fríos. Por suerte tengo una camiseta de manga larga en la mochila y doy el cambiazo a la de manga corta que llevo puesta. Mucho mejor. Por fin aparece el amigo de los pinchazos y reemprendemos la segunda parte de la bajada que discurre por un pinar en el que los árboles están cumpliendo bien su misión de no dejar que el agua de la lluvia se lleve la tierra que los rodea, con lo que apenas hay piedras a la vista, aunque alguna que otra ramita y surco si nos encontramos. Estas condiciones nos permiten bajar muy rápido lo que tiene la parte mala de reducir el tiempo de diversión.
Continuamos por una pista y llegamos a una fuente que hace posible repostar agua a quien lo necesita. Justo en este punto nos volvemos a encontrar con los de las “Pivot” aunque nos volvemos a separar al realizar recorridos distintos.
Tras un breve ascenso nos internamos en un bosque en el que se nota mucha humedad y el viento brilla por su ausencia. Pregunto al director del grupo, Jose “Legar”, si falta mucho para la siguiente subida y me dice que no, de manera que decido volver a realizar un cambio de camisetas suscitando en este proceso varios comentarios por parte de los compañeros de ruta e incluso fotos… normal, un cuerpazo como el mío no se ve todos los días….
Casi sin darme cuenta estamos rodando suavemente, y a veces no tan suave, por un sendero de esos celosos ya que sus sube y baja, y cerradas curvas con sorpresas justo en el punto que no se ven hasta que estás encima, te obligan a prestarle la máxima atención. El sendero termina con un descenso más pronunciado y mientras nos reagrupamos queda claro que nos ha encantado, salvo que nos ha parecido corto.
Reemprendemos la marcha encontrándonos con alguna trialera en subida de esas que dudas el poder ascender sobe la bici y que,luego, cuando lo consigues, te das cuenta de por donde se puede llegar a ir sobre dos ruedas empujadas por nuestras piernas a través de un perfeccionado sistema de poleas.
Un último repecho y una última bajada, muy corta, pone fin a esta parte del trazado.
Continuamos recorrido y enlazamos ya con el famoso “sendero de los ingenieros” que discurre a media ladera de un enorme pinar. Sendero exigente, más que por su trazado en si, por el ritmo que se pone al rodar por él. Es donde está la gracia, claro. Con todo, el ritmo no es tan fuerte como para impedirme disfrutar del magnífico entorno que estamos atravesando mientras respiro ese aire cálido y húmedo con olor a madera.
Llegamos a lo que, según nos dice Legar, es la última bajada de la mañana, “el Picachu”, a saber de donde viene el nombre. Momento de ponerse las protecciones para los que no las llevan de continuo y…. a disfrutar.
La bajada es muy rápida, con curvas cerradas a derecha e izquierda de las que entras derrapando y algunos consiguen salir de la misma forma. Los tramos rectos están sembrados de las características piedras de esta zona mezcladas, en algunos casos, con las raíces de los pinos que fugazmente pasan ante nuestros ojos. Oigo a alguien detrás de mi, es “Copi”, le invito a que me adelante pero con esa forma y entonación de quien va disfrutando a tope, me contesta que va bien detrás mio. Después de dos curvas más reduzco la velocidad en un giro y le insisto que me pase al llevar más ritmo que yo y así, de paso, disfruto yo tanto de mi propia bajada como de ver la finura de las maniobras de este compañero.
La bajada termina en una losa de piedra en la que dejamos marcada la huella de nuestros neumáticos al frenar bruscamente. Creo que estas marcas son biodegradables…
Paquito, junto con la mujer de Legar y la de Copi así como de sus chavales, nos están esperando con la comida preparada. Tortilla de patata, frutos secos, jamón, tomates, empanada, el gazpacho “made in Paquito” y por supuesto las excelentes anchoas preparadas que ya se han convertido en un clásico que todos esperamos, aunque he de reconocer que yo apenas pruebo, pues se que estos manjares mezclados con la ruta de la tarde no es buena combinación.
Disfrutamos de este pic-nic campestre con un tiempo excelente, hasta nos tumbamos un poco y nos da verdadera pereza reemprender la marcha pero…. Esto continúa.
Paquito se incorpora alegrándonos a todos verle, como estamos acostumbrados, encima de la bici, pero esa alegría no dura mucho porque, supongo que entre las ganas que tenía y el salir “fresco”, le hacen imprimir un ritmo fuerte que unido a una de esas subidas en las que es mejor no mirar para arriba y así evitarte el mal trago de ver lo mucho que te queda, hacen que el sudor comience a emerger de nuestros cuerpos con una rapidez que casi me sorprende si no fuera porque esta sensación ya la he tenido antes… quizás en otras rutas….
Terminada la subida descansamos un poco mientras reagrupamos para continuar rodando por el “sendero de los ingenieros” en una parte que no habíamos hecho por la mañana.
Continúa el ritmo rápido, supongo que marcado por Paquito o quien sea que vaya delante, no alcanzo a verlo. Noto que mis piernas empiezan a estar pesadas. Aprovecho los pequeños tramos de bajada para recuperar fuerzas mientras continúo la silueta de Víctor. Aparece una bajada más complicada y Juan Carlos, “el amigo de los pinchazos” vuelve a pinchar… Víctor y yo paramos y empezamos a echarle una mano y ofrecerle una cámara al tiempo que le recordamos que, quizás, esa cubierta que lleva no es la más idónea para este tipo de recorrido. Mientras estamos parados contemplamos al resto de compañeros como van realizando el descenso dejando tras de si una silueta de polvo y piedras rodantes, todo ello amenizado con la banda sonora de las ruedas en su contacto con el terreno…. Un espectáculo.
Reanudamos la marcha y ahora es Víctor el que empieza a meter un ritmo trepidante, supongo que con la esperanza de contactar cuanto antes con la cabeza de grupo. Vamos adelantando compañeros a los que la fatiga les impide rodar como seguramente quisieran. Paramos en un cruce, ¿nos hemos despistado?. En parte me alegro porque así cojo aliento. Llamo a Paquito y nos indica la dirección adecuada. Continuamos. Me cuesta seguir a Víctor y empiezo a entrar en algunas zonas un poco pasado y en otras demasiado corto, es lo que tiene la fatiga, te nubla hasta la mente. Con todo, contactamos con el grupo y al poco paramos y se realiza una reagrupación.
Continuamos y ante nosotros aparece un buen repecho que merma mis ya escasas fuerzas. Salvado este obstáculo no tarda en presentarse otro parecido que nos obliga a echar pie a tierra. Avanzamos un poco más y por fin recibimos la noticia de que a partir de ese punto todo es bajada hasta San Rafael. La alegría se nos nota hasta convertirse en euforia.
Empezamos a descender y alguien grita “avalancha” unos cuantos compartimos el grito como si fuéramos niños en la salida al ansiado recreo y empezamos a pedalear con fuerzas que, en mi caso, no se ni de donde me vienen. Bajo detrás de Manolo, uno de los compañeros de Galicia, que a su vez lo hace tras de Víctor, no alcanzo a ver quien va más adelante, Paquito, seguro.
Noto que estamos bajando muy rápido, sobre todo cuando empiezo a ver como Manolo derrapa con las dos ruedas en las curvas haciendo yo lo propio. Llegamos a una curva cerrada tras la que alcanzo a ver la zanja de una escorrentía que tiene muy mala pinta. Manolo derrapa mientras saca el pie para conseguir otro punto de apoyo, por poco se mete en la zanja, no se como yo también consigo librarla.
Llegamos al albergue y mientras degustamos una merecida cerveza fresca, nos contarnos unos a otros la experiencia del día, en especial esta última bajada en la que se ha metido un ritmo infernal. Parece que Oscar, el de Serradilla y Víctor, en la curva de la zanja, han entrado pasados pero han conseguido saltar por encima de la escorrentía.
Es media tarde y tras asearnos marchamos en procesión al pueblo donde no tardamos en encontrar una terraza en la que cabemos todos. Bueno, ahora somos menos porque algunos han emprendido ya el viaje de regreso a casa.
Regresamos al albergue para cumplir con la juvenil hora de la cena y saciamos el hambre con sopa de fideos y San Jacobos aunque ahora con algo de vino cortesía de Paquito.
Ha sido un buen día en el que no ha habido percances y la mayoría decidimos volver al pueblo a celebrarlo con una cerveza más.
El cansancio hace que no tardemos en volver al albergue donde nos espera la deseada cama aunque, eso si, primero hay que ascender el Turmalet de escaleras.
Al levantarnos el Domingo comprobamos la “resaca” que nuestros cuerpos manifiestan por el esfuerzo del día anterior.
Tras desayunar nos montamos nuevamente sobre nuestras bicis y empezamos a pedalear, cansinamente, volviendo a pasar por el lugar tomado el día antes por miembros de la Guardia Civil para luego ascender por una carretera con pinta de ser poco usada. Es una subida pero muy llevadera.
Dejamos la carretera y tomamos un camino que en un primer tramo asciende bruscamente obligándonos a casi la mayoría a realizarlo empujando la bici. Volvemos a montar al reducirse la pendiente y afrontamos un tramo pedregoso en el que cuesta mucho mantener el equilibrio. Llegamos a una cerca y aprovechamos la necesaria parada para abrir la portezuela y reagruparnos. Continuamos el ascenso que está resultando muy duro comprobando que a medida que subimos esta mezcla de camino y sendero va aumentando no solo la pendiente sino la dificultad técnica para conseguir hacerlo montado.
Noto hasta cierto mareo, supongo que por la combinación del calor, el cansancio del día anterior, lo mal que he dormido y hasta un cierto enfado conmigo mismo porque me cuesta creer que se haya metido en la ruta una subida de este calibre teniendo en cuenta que es el segundo día de ruta, este Legar… que mala leche.
Por fin alcanzamos la cima y Legar nos comunica que bajaremos por donde hemos subido hasta pasada la cerca, momento en el que nos desviaremos a la derecha.
Iniciamos la bajada comprobando, una vez más, lo mucho que cambia un mismo tramo según se haga subiendo o bajando. La bajada es rápida y hay que estar muy atento de evitar zanjas que antes pasaban lentamente ante nuestros ojos y ahora lo hacen muy deprisa. Pasamos la cerca rodando al poco por un camino muy roto y pedregoso. Me dispongo a adelantar a un compañero que lleva menos ritmo y decido hacerlo por el lado izquierdo. No sé como estaría por la derecha pero este lado está lleno de piedra suelta que me va desplazando más y más hacia la izquierda, lo que no es bueno porque esto me saca totalmente del camino y veo la posibilidad de irme al terraplén que en este lado se encuentra. Consigo hacer un giro brusco y situarme en la trazada buena… esto es otra cosa. El camino o, más bien, sendero ancho, se mete en una especie de tubo cuyas paredes aprovechamos como peraltes para no perder velocidad en las curvas… Fin de bajada. Ha sido una bajada potente que a mi al menos me ha despejado del todo.
Enlazamos con el sendero de los ingenieros por el que ya habíamos rodado el día anterior. Vamos a buen ritmo cortado en alguna ocasión al encontrarnos alguna vaca cruzándolo. Llegamos al punto donde en la tarde del sábado habíamos enganchado con este sendero y continuamos en lo que ahora es un tramo desconocido del mismo. Reagrupamos y se nos dice que ya estamos terminando el sendero. Queda un último tramo en forma de V con una primera parte muy empinada formada por tierra suelta que examina nuestra habilidad en las cerradas curvas que encontramos. El segundo tramo es una casi pared vertical que subimos arrastrando las bicis.
Aparece David, el de Serradilla, que según parece ha tenido un encuentro intenso con un árbol. El caso es que se ha cargado el mando a distancia de la suspensión delantera que se ha quedado bloqueada. Mientras algunos intentamos solucionar, sin éxito, la avería, el grueso del grupo inicia el descenso que en este punto comienza.
Al cabo de un rato ya somos nosotros los que empezamos esta bajada que si bien no tiene mucha pendiente, piedras y pedruscos tiene para acabar aburrido. No faltan zonas embarradas y curvas con trampa en la salida en forma de pequeño repecho. Noto los brazos cansados y, a decir verdad, el resto del cuerpo también, pero la facilidad de pedaleo que te proporciona esa maravillosa pendiente negativa anima a pedalear con fuerzas al recibir a cambio la gratificante velocidad.
Terminada la bajada volvemos a nuestro cansado pedaleo llegando al punto donde el día anterior montáramos la comida campestre.
Vamos rodando por un sendero que deduzco es paralelo al de los ingenieros pero situado en la parte baja del monte. Paquito sufre un pinchazo y el grupo se divide entre los más cansados que siguen avanzando y los “menos cansados” que esperamos y luego recuperaremos terreno.
Llegamos al albergue. El resto del grupo todavía no ha llegado. Nos parece raro porque no les hemos adelantado…. Algunos aprovechan una manguera para lavar las bicis mientras otros ascendemos, una vez más, el Turmalet de escaleras para ducharnos e ir recogiendo el equipaje. Esto se acaba.
Por fin llegan los del primer grupo que han encontrado un sitio en el que les han dado caña de cerveza y pincho por un euro…. Como para no parar.
Se nota que es Domingo en el menú que tenemos, pasta y pollo y también parece que tenemos ganas de más rutas por lo que comenzamos a hablar de próximas quedadas. Jonan nos anuncia su intención de hacer una ruta por la zona de los lagos de Somiedo. Se concreta incluso una fecha, el 12 de Julio aunque queda todo por confirmar.
Llega el momento de las despedidas que no resulta triste porque al saber que nos esperan muchas más aventuras juntos.
El regreso a casa se hace pesado aunque escuchar por la radio el magnífico partido de tenis que Rafa Nadal está disputando en el Roland Garros nos mantiene entretenidos a Víctor y a mi.
Llegamos a nuestra ciudad. Parece que hace mucho tiempo que nos hemos marchado y solo han pasado 48 horas, eso si, vividas intensamente.

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