CRONICA de ARETXABALETA

Se suele decir que de una boda surge otra.

Desde luego esto puede ocurrir, pero lo que resulta casi seguro es que en una KDD de bicicletas se quede para otra y, así, en la KDD de Sanabria, Aitor me comentó su intención de organizar una KDD en Aretxabaleta para finales de Octubre o primeros de Noviembre.

Al cabo de unos días me invitaba a esta KDD que se haría en su tierra por un espacio de 4 días –si señor, a lo vasco- aprovechando el puente de todos los Santos. Por mi parte le confirmé que iría pero solo dos días porque, ni podía, ni creo que mi cuerpo aguantase el periodo previsto.

 

El viernes, 2 de Noviembre, fiel a la cita, me encontraba a las 9.30 h. en “La Torre”, conjunto arquitectónico de la época medieval formado por dos edificios, uno de los cuales alberga en la actualidad el archivo municipal y el otro, adaptado para albergue, formado en su interior por una cocina industrial, que sería de gran utilidad para el evento, un amplio salón y dos plantas bien aprovechadas para ubicar camas y literas así como baños y duchas. El conjunto resultaba bastante acogedor y, sobre todo, con sabor añejo.

 

Comenzaba la mañana con un sabor agridulce. La parte dulce era, sin duda, el reencuentro con amigos y la presentación de nuevos compañeros con los que compartiría las rutas de esta KDD. La parte agria me la adelantaba Markel y luego, al llegar Koldo, nos comentaría a ambos el grave estado de Jon, aquejado de una enfermedad que se había manifestado repentinamente y que había obligado a ingresarle en la UCI.

Puede que no en profundidad, pero conozco lo suficiente la vitalidad de Jon como para estar seguro de que saldrá de esta, y como se que esto lo leerás, mira a ver si te pones en forma pronto que me tienes que enseñar las rutas tan guapas que he oido que hay por tu tierra.

 

Iniciamos la ruta bajando –novedad- aunque más por la ubicación del albergue que porque así estuviera previsto en el itinerario, de manera que, no tardando mucho, comenzamos a ascender por esas maravillosas subidas con fuertes pendientes que tanto nos gustan a todos y, en este caso, resbaladizo terreno, hasta el punto de bajarnos en más de una ocasión de la bicicleta para sentirlo más cercano, si bien, los autóctonos apenas cubrieron este ritual, supongo que no lo veían necesario…..

Después de varias subidas y alguna bajadilla entre medias, llegamos a un lugar que pedía a gritos una foto de grupo. Tras posar al efecto, Aitor estuvo dando vueltas al itinerario ya que tenía claro que quería ir al parque natural de Urkiola pero creo que no tenía tan claro como hacerlo.

Desde donde estábamos se iniciaba una senda que parecía que bajaba en la dirección correcta de manera que, inmediatamente y por unanimidad, decidimos tomarla. A los pocos metros la senda desaparecía bajo un manto de hojas, ramas y pedruscos de varios tamaños -los grandes al menos se veían-, lo que propició la ruptura del relativo orden que hasta ese momento llevábamos a la vez que caras de satisfacción propias, bien de quien por fin ha llegado a su habitat natural, bien de quien aflora la sonrisa ante la descarga de adrenalina. Disfrutamos durante un rato de este desnivel negativo hasta llegar a un arroyo que parecía que formase la frontera entre la parte salvaje y la  “civilizada” de la zona., Tras cruzarlo, cada uno a su manera, iniciamos un corto trecho, que, como dije, si pasamos 3 o 4 veces conseguiremos convertirlo en sendero, para llegar a un aparcamiento frecuentado por amigos del monte y, especialmente, de las setas.

Casi sin darnos cuenta estábamos rodando por Urkiola y, al poco, disfrutando de un magnífico avituallamiento que nos habían preparado familiares de Aitor y acompañantes de los de León.

Reemprendimos la ruta con un miembro más, Alberto y, como debe ser, subiendo. Nos lo tomamos con tranquilidad, no sea que se nos cortase la digestión y, al final de la subida, tras llanear un poco, surgió ante nosotros el remate de la montaña formado por una desafiante hilera de mole de piedra que nos recordaba nuestro mínimo tamaño en semejante escenario natural.

Nos faltaba una subida más. Podíamos elegir entre el camino y un sendero pero este último nos lo desaconsejaba Aitor dado el estado del terreno. A pesar de ello, o quizás por ello,  Markel decidió intentar este trazado,  tras animarme Koldo, que tampoco hizo falta mucho, me decidí también y otros dos compañeros se unieron al intento. Tenía que haber hecho caso a Aitor porque recorrí más tramo del sendero empujando la bici que sobre ella, menos mal que no era muy largo…

Momento de recuperar fuerzas y reagrupar. Los conocedores del terreno aseguraban que a partir de este punto todo era, más o menos, bajada así que nos pusimos a ello.

La bajada se saldó con una rotura del cambio de Adidan, espero escribirlo bien,  alguna que otra caida, yo entre ellos, y especialmente, la anécdota de Patricio a quien una de esas lianas espinosas que caen de algunos árboles le agarró por la boca produciéndole un estiramiento forzado y ensangrentado de la sonrisa que le dejó la cara parecida al enemigo de Batman, creo que era Jocker.

Llegamos a Mondragón donde aprovechamos para lavar las bicis en un lavadero de coches público y regreso al albergue, donde nada más llegar empezaron a “tramitarse” cervezas con tal velocidad que creo que este evento debería patrocinarlo alguna marca de esta bebida.

Los gallegos se encargaron de ofrecernos una fantástica cena a base de “carne o¨caldeiro” que más que comer devoramos.

 

El sábado amaneció un día ventoso que dificultaba pronosticar el estado del tiempo durante el resto del día. Nos pusimos en ruta guiados por Markel que nos enseñaría la ruta de XC que suelen hacer en esta localidad ya que tal y como estaba el terreno hacer la ruta de  enduro le parecía de excesiva dificultad.

Empezamos subiendo por carretera y caminos e iniciamos una subida que reconocía de cuando había estado en el mes de Julio y que me recordó lo que nos esperaba, ya que un montón de cm3 de sudor segregado en su momento no se olvidan fácilmente.

La subida mantenía la pendiente que recordaba a lo que se añadía un terreno resbaladizo que nos obligó a echar pie a tierra en varias ocasiones y desde luego nos ralentizó mucho el ritmo.

Tras bastante sudor llegamos al punto en el que se iniciaba un descenso, aparentemente sin mucha complicación, pero inmediatamente me di cuenta que mi cabeza tenía claro por donde había que ir pero la bicicleta había iniciado una tremenda discusión con el terreno y, entre medias, mi cuerpo haciendo lo que podía para mantener una posición razonable. Delante de mi marchaba Manuel y comprobaba que su situación era la misma que la mía. Creo que más por suerte que por pericia, libre este tramo sin besar el suelo y mientras reagrupábamos se podía contemplar una escena que daba elocuencia del estado del terreno. Unos caían a la izquierda, otros a la derecha, uno se sujetó en un árbol y hubo hasta quien tiró la bicicleta, no se si por desesperación o para comprobar lo que aguantan estas bicis. Si fue lo último aguantó bien y es que la blandura del terreno ocasionaba estas escenas pero era benévolo con el resultado de las mismas. A partir de este momento se empezó a hablar de la nobleza del terreno que, supongo, iba referido a que las numerosas caidas no tuvieron consecuencias.

Tuvimos suerte y el agua nos llegó cuando estábamos a cubierto dando cuenta del avituallamiento preparado.

Reemprendimos la ruta con unas subidas que más parecian un conjunto de escaleras alisadas con pequeños tramos donde tomar respiro. Entramos en una zona en la que la parte buena era que el terreno agarraba mejor pero, para compensar esto, la pendiente también aumentaba.

En un momento dado Markel nos avisó de una pendiente fuerte y yo recordé cuando me hizo este mismo comentario en Julio tras el cual bajamos un tramo por el que si me asomo lo mismo no bajo montado… o si, porque bajarlo andando también tenía su cosa. El caso es que ya tuve el presentimiento de que sería difícil librar sin tocar el suelo y desde luego acerté.

Continuamos el XC que, como le dije a Markel, para mi eso es un enduro y dado el estado del terreno de los complicados.

Poco antes del anochecer llegábamos a la plaza del pueblo y, creo que todos, salvo el guía y Manuel, habíamos tenido nuestros más o menos contactos con el noble terreno de la zona.

Tras apurar una cerveza, Manuel, en un gesto de gran solidaridad, se dio el guantazo después de bajar un tramo de escaleras, en este caso había cambiado el blando terreno por la dura baldosa… cosas de cada uno.

Ascendimos al albergue por donde habíamos bajado por la mañana comprobando una vez más, lo duro y lento que puede resultar el mismo tramo de terreno según en que sentido se haga.

A pesar de que me insistieron para quedarme a degustar un marmitako que estaban preparando tenía que regresar a mi tierra. Para mi esta kdd había terminado, afortunadamente sin problemas ni físicos ni mecánicos, salvo el cansancio de dos días tan intensos.

Una vez más, TODO, el conjunto de los compañeros,  los familiares de Aitor,  acompañantes de los de León….

Fantástico Aitor.

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